Es muy probable que lo que vaya a decir, que las palabras que ahora siguen, no sean más que una simple tontería. Pero bueno, a veces las cosas hay que decirlas igual. Es verdad que la relación entre Rafael Sánchez Ferlosio y la ciencia ficción, no fueron, precisamente, muy buenas; ni muy cordiales ni fructíferas. Él, que es una de las mayores aventuras del idioma en las que te puedes embarcar, dijo algunas cosas feas sobre nuestro género. Las cosas como son. En “Personas y animales en una fiesta de bautizo”, que abre sus Altos estudios eclesiásticos, habla de “las desmelenadas invenciones de la ciencia ficción”, mencionándolas como “inversión del escéptico, lúdico, prudente (…) espíritu científico”; y en esa obra maestra que recorre la barbarie humana que es Mientras no cambien los dioses, nada habrá cambiado, dice: “Y el sedicente ‘espíritu de aventura’ no es sino el elementalismo emocional vinculado a la mala literatura (…) o una regresión senil hacia las lecturas de infancia, con su percepción del mundo en clave de tebeo, por mucho que ese tebeo adopte los modernos escenarios de la ciencia ficción”. O la primera frase de ese mismo libro, por mí torpemente manoseada, hace poco, en el texto sobre humor y ciencia ficción, que es condescendiente y perfecta: “El desprestigio popular del espacio era completamente normal”. Visto así, la cosa es delicada.
Pero, primero: pensemos en los hechos. ¿Es un rechazo definitivo? ¿Radical? Porque, si vamos, como digo, a los hechos, a su obra, veremos que Ferlosio, cuando rechaza, rechaza bien, con argumentos, pensando, contextualizando y exponiendo, en frase poliarticulada, un pensamiento que socava lo que le es desagradable, lo que le es contrario al bien común del ser humano, con razonamientos y silogismos irresistiblemente persuasivos. ¿Ha sido merecedora de tales mecanismos de crítica ilustrada, la ciencia ficción, en Sánchez Ferlosio? Veamos.
¿Qué tenemos en el fondo de su ensayismo? Pocos autores más reacios a la idea de autoridad que Ferlosio. Siempre vemos, escriba sobre lo que escriba, un rechazo visceral, una vigorosa negación furibunda de la mera idea de imposición de una voluntad sobre la otra. Rehúsa todo lo que es injusto, violento e impositivo, lo que es constricción y anulación de la persona. La violencia intrínseca en toda imposición, ya sea la del machismo, la de los modos de producción del capitalismo, la de los imperios en sus colonias, ya sea, en fin, la de la propia cultura como herramienta de control social, todo eso, en Sánchez Ferlosio, es atacado con una virulencia ejemplar (por iluminadora e instructiva).
Lo que tenemos, pues, en el fondo de su ensayismo, es un convincente y muy articulado discurso en contra de la dominación en todas sus facetas. ¿Y es esto lo que vemos en su, por otra parte, divertido rechazo a la literatura de género? ¿Es objeto de su análisis en la misma medida cuasi destructiva en que lo es la idea de Cultura? Para nada. Recordemos que también tiene palabras coquetamente ofensivas contra la novela negra en “Las cajas vacías”, cuando previene: “…aquí se va a citar hasta una novela policíaca”. Donde ese ‘hasta’ funciona como reconocimiento de que es consciente de que se va a descender a honduras imperdonables por el bien de un razonamiento. ¡Esto soy capaz de hacer, de incurrir en la mierda! Eso significa ese ‘hasta’. Y no quiero resistirme a citar su hilarante: “…las detestables novelas policíacas que yo suelo leer”, también del mismo texto, recopilado en esa lección de sano anticapitalismo que es Non Olet.
Pero lo que hay aquí es una inofensiva provocación; unas ganas comprensibles, y saludables, de molestar un poquito. ¡Pues claro que sí, no vamos a ser tan serios! No son las palabras de rechazo del que está harto o del que realmente no quiere saber nada del tema, sino del que no le gusta lo que menciona. Simplemente, no va con él, y pocas ganas tiene de remediarlo. En alguna página de Homilía del ratón cita a Obi Ben (sic) Kenobi, con esa entrañable equivocación, y, en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, a E. T. También menciona a Edgar Rice Burroughs en su introducción (traducción y comentarios) a la Memoria e informe sobre Víctor de Aveyron, de Jean Itard. Con esto nos podemos hacer una idea de las aficiones ferlosianas a la ciencia ficción. Si no le gusta, no le gusta. Punto. No pasa nada.
Pero, y este pero es importante, en Vendrán más años malos hay dos pecios (pecio es ese fragmento aforístico inventado por Ferlosio), que más que pecios son dos indicios de lo que podría haber sido, de que Ferlosio podría haber escrito, si hubiera querido, para la literatura en castellano lo que La carretera fue para la literatura en inglés: una autoinvitación a participar en el género por parte de un autor consagrado en otros derroteros, y que, casi casi, superó cualquier cosa escrita por los autores singulares del propio género.
El primero de los pecios es una incursión en lo gore-medievalizante. No citaré el pecio entero, por razones de espacio, pero es el que empieza “Si la cabeza cortada, que, como una piedra más”, etcétera, es un ejemplo de Ferlosio entrando en un terreno insospechado. Lo gore, como está en la Comedia dantesca, no es raro verlo analizado. Pero incurrir en ello, escribirlo, es lo raro. Y él lo hace y lo hace de manera inmejorable. Pero la clave de todo no está ahí, sino en su incursión, explicita y directa, en lo postapocalíptico. Este pecio, aparte de contener imágenes muy bonitas, y unas primeras palabras machadianas, está escrito en ese castellano hipotáctico, cadencioso e hipnótico, cargado de elipsis, que tan bien funciona en lo postapocalíptico. Lo cito entero:
Sin embargo… ¡oh, sin embargo!, parecen adivinarse aquí y allá dispersas, débiles, inciertas huellas de que ha habido, de que ha podido haber, o por lo menos ha querido haber, alguna vez, un mundo.
Habla Ferlosio de un mundo muerto, y del intento de una civilización por construir ese mundo, con esa secuencia de seguridad descendente: ha habido/podido haber/querido haber. Habla de una intención y un resultado. Vemos el postapocalipsis, la decadencia, pero, sobre todo, la historia de una frustración por la inevitable pérdida de la batalla ante cualquier vano intento de construcción. No es sólo la tristeza por la pérdida de un mundo: es la constatación de que lo intentaron, y no pudieron. Canta a la muerte y canta al fracaso.
Se suele mencionar al, a mi juicio, sobrevalorado Fredric Brown como autor de alguno de los textos más cortos de ciencia ficción (por cuentos como “Imagínate” o “El final”), pero creo que este pecio ferlosiano, revisitado por casualidad en otra tarde más de confinamiento, se convierte en la verdadera novela corta de ciencia ficción por excelencia. En la Homilía dijo: “…contra toda posible esperanza de victoria, sacad la espada y resistid”. Ese gesto está en este pecio por parte de los que quisieron construir. Y el pecio es una mirada de amor, una mirada acariciante, ya sea humana sobre un mundo alienígena, o alienígena sobre nuestro mundo humano. Lo que destaca aquí es el gesto, fútil, de intentar ser. El pecio es un canto al gesto de sacar la espada ante la derrota segura; se percibe esa misma melancólica resignación ante la pérdida, ante el peso de la pérdida que implica el saber que el tiempo nos ganará a todos.
Así que, no, Ferlosio igual no fue el mayor difusor de la ciencia ficción. Ni tenemos argumentos suficientes, pese a lo apuntado hasta ahora, para relacionarlo con el género, como sí, en cambio, se puede hacer con Borges, como demostró, con un acierto y capacidad de análisis yo diría que incontestables, Carlos Abraham en Borges y la ciencia ficción. El libro Rafael Sánchez Ferlosio y la ciencia ficción no se podría escribir. Vale: pero si nos ceñimos a los hechos, veremos entre sus pecios alguna cosita de ciencia ficción, lo suficientemente consistente como para poder decir, aunque sea sólo un momento, que Rafael Sánchez Ferlosio también probó con la literatura de género, y consiguió, no sólo que en castellano sonasen las lúgubres notas de la literatura postapocalíptica sin perder el ritmo ni el compás, sino que lo hicieran, tal vez, ¿mejorando lo presente?
A tope con Ferlosio, que solo he leído muy por encima y muy poco.
“una autoinvitación a participar en el género por parte de un autor consagrado en otros derroteros, y que, casi casi, superó cualquier cosa escrita por los autores singulares del propio género.”
Pero voy a discrepar sobre un detalle que comentas que no tiene nada que ver con Ferlosio (o sí). No comparto la opinión de que La carretera sea tan la caña como dice el común de los comentaristas y sus abuelas también (vale que dices “casi, casi”). Yo no creo que La carretera supere nada, ni siquiera dentro de la propia producción de McCarthy. Llegaría incluso a decir que ni siquiera es CF. Y no es (sólo) por llevar la contraria por deporte, que también, porque me encanta y el mundo me ha hecho así, pero:
La carretera es un cúmulo de topicazos apocalípticos uno detrás de otro. Escritos con cierta maestría y rigor poético, también. Un canto a la senectud tanto de un autor como de una manera de ver el mundo, IMHO. Literariamente serio (sí), lacerante en lo emocional (dependerá de la sensibilidad de cada quién). Como lector de CF me deja como un tempano. Como lector sin más la disfruté sólo a ratos (sobre todo cuando se convierte puntualmente en un poema en prosa).
Siempre la he visto como el típico ejemplo de libro que a los freakis les gusta enarbolar como estandarte del “mira qué guay somos y cuánta profundidad tiene mi gueto”, y a los literatos les encanta porque les permite decir, una vez más, aquello de: “mirad cómo se hace, palurdos, que no tenéis NPI, ¡esto es literatura con mayúsculas! Tiene que venir un “autor” de verdad a demostraros como se escribe”. Ni unos ni otros saben lo que dicen y no hacen sino repetir la sempiterna y falsa dialéctica que opone la cultura de masas y grasas a la cultura de estetas y puretas.
Mario, muy guapas estas entradas (aunque no siempre comparta, faltaría más). Me encanta que no tengas remilgos en mojarte con algunos de los grandes tótems del cotarro. Cosa que a mí siempre me ha dado apuro.
C está calentito últimamente. Ya sólo me falta una de esas reseñas doctas, sagaces y tronchantes del señor García para ir enmarcándolo todo.
Hola, compañero. (No sé cómo dirigirme a ti, porque sólo veo “CP” en la firma de los comentarios, así que ¡perdona!).
Esto que mencionas sobre “La carretera” -‘Llegaría incluso a decir que ni siquiera es CF’- me parece un tema interesantísimo: cómo entran y salen, algunos libros, de los corsés del género.Y creo que haces una crítica la mar de lúcida, la verdad, aunque, vamos a repetirlo, no la comparta del todo. Entiendo que esa novela se pueda leer así. Igual “Plop” sea el otro gran ejemplo de texto del que estamos orgullosos, o “Dudo Errante”, sobre el que en breves le mandaré un texto a Ignacio. Orgullosos en ese sentido de “mira qué guay es mi ghetto”, como decías tú.
Tu párrafo “Siempre la he leído como el típico ejemplo” no sólo me encanta, sino que, además, creo que tienes toda la razón del mundo.
Y si con el señor García te refieres a Alfonso García: coincido. No hace tanto escribió un texto sobre Gene Wolfe que impresionaba.
Gracias por tu lectura. Así da gusto!
Un saludo,
Mario
He leído la carretera y me gustan muchas de las metáforas del autor y forma en que algunos personajes se preguntan si el niño es ultimo dios que verán en el mundo. No obstante, uno de los principales defectos de la obra es que los diálogos entre padre e hijo siempre acababan igual, su hijo le preguntaba algo, el padre a veces le respondía y luego cerraba con el chico diciendo bueno, no eran muy naturales y eran muy repetitivos. La descripción de los escenarios era mucho mejor. También le falto algo de contexto a la historia y más desarrollo a los personajes. Es extraño, pero las reflexiones de los personajes secundarios eran más interesantes que la propia historia del padre y del niño. Qué piensan ustedes.
Quizá los escenarios, el derrumbe y el hecho de no explicar nunca el porqué de nada sean los rasgos más poderosos de la novela, no lo sé. Pero no acabo de estar de acuerdo con lo que mencionas de los diálogos entre padre e hijo… Entiendo lo que quieres decir, pero en ese tipo de mundos (como el de McCarthy, el de Russell Hoban, el del pecio ferlosiano), el lenguaje también se ve afectado, capitidisminuido hasta sus bases más elementales. Todo es parco en lo postapocalíptico, salvo la destrucción.