Tengo la impresión, no sé si correcta porque no conozco tanto ese campo, de que en el thriller oriental que se suele traducir en España abundan los argumentos que ahora se califican como de «alto concepto». Historias muy sustentadas en una idea disruptiva, poderosa, llamativa para el lector de contraportadas, que luego no necesariamente se desarrolla de forma tan brillante. Lo dicho puede aplicarse a esta El consultor, que seguramente gracias a la potencia de su idea de partida ha llegado a conseguir algo poco frecuente en el género policiaco de hoy, como es mantenerse con vida durante años tras su publicación original en coreano en 2010.
La versión en inglés de 2023 se asomó a algunos premios y de ahí llegó su traducción al castellano (ganando cien páginas por el camino, de 208 a 317, cortesía del tipo de maquetación que se estila por aquí entre las editoriales comerciales). Si bien las referencias que he encontrado, curiosamente, es que no se trata de un libro con un éxito fuera de lo común en su propio país.
La idea potente en cuestión es la existencia de una empresa, La Compañía, que se encarga de ejecutar asesinatos haciéndolos pasar por suicidios o accidentes. En parte no es tan nueva (hasta Jason Statham tiene con esa idea de partida un par de películas, The Mechanic, posteriores a la publicación original de El consultor, sin olvidar El club de los suicidas de Stevenson), pero Seoing-sun suma el detalle de que los crímenes los organiza una firma absolutamente opaca, de motivaciones puramente económicas, con una capacidad ilimitada para crear trampantojos con los que camuflar sus trabajos.







